El término trauma deriva del griego y significa “herida”. Aunque actualmente no existe un consenso entre los profesionales respecto a qué tipo de experiencias han de ser consideradas traumáticas, en este artículo trataremos de dar respuesta a la pregunta ¿Qué entendemos por trauma?

Definición de trauma: Pierre Janet

Pierre Janet definió el trauma psíquico en 1897, que posteriormente matizó en 1919 como: “Es el resultado de la exposición a un acontecimiento estresante inevitable que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de la persona. Cuando las personas se sienten demasiado sobrepasadas por sus emociones, los recuerdos no pueden transformarse en experiencias narrativas neutras. El terror se convierte en una fobia al recuerdo que impide la integración del acontecimiento traumático y fragmenta los recuerdos traumáticos apartándolos de la consciencia ordinaria, dejándolos organizados en percepciones visuales, preocupaciones somáticas y reactuaciones conductuales”. En esta definición están contenidos los elementos fundamentales del concepto de trauma psicológico. La persona se enfrenta a una situación de amenaza psicológica o vital de la que no puede escapar y para la que sus recursos normales no son eficaces, esto es, no puede enfrentarse a ella de manera que pueda hacerla desaparecer ni puede huir.

Definición de trauma: Francine Shapiro

Por otro lado, Francine Shapiro explica: “Muchos  de  nosotros  pensamos  que  el  trauma  consiste  en  grandes acontecimientos  que  aparecen  en  las  noticias.  Veteranos  de  guerra, supervivientes de catástrofes naturales y ataques terroristas…pero, de hecho, por definición, trauma es cualquier hecho que ha tenido un efecto negativo duradero. Todos conocemos gente que ha perdido el trabajo, a sus seres queridos e  incluso  posesiones  y  como  resultado,  han  sufrido  verdaderamente. Cuando se pierde la paz del espíritu o si nunca se tuvo, puede haber serias consecuencias físicas y psicológicas, sea cual fuere la causa”.

Consecuencias del trauma

Habitualmente, cuando escuchamos hablar de trauma pensamos en grandes desastres naturales, en guerras o accidentes. Lo cierto es que las consecuencias de éstos últimos pueden ser graves, pero los traumas de tipo interpersonal son más dañinos y producen trastornos más profundos en la identidad y en las creencias de las personas. Las historias de maltrato o abandono familiar, los secuestros prologados, o vivir con una pareja que nos maltrata física o emocionalmente puede ocasionar cuadros en los que toda la personalidad se ve afectada.

Hablamos de trauma acumulativo en aquellos casos en los que lo traumático ocurre durante un período de tiempo vital prolongado. Por ejemplo, un niño que vive en una atmósfera emocional carente de calidad afectiva o en la que abundan los malos tratos físicos y/o psicológicos, la negligencia o el abandono emocional. En estos casos el niño no dispone de recursos que le ayuden a verse a sí mismo como valioso y digno de ser amado.

Traumas «T» y «t»

Desde la perspectiva del EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) se hace una distinción entre traumas con t mayúscula «T» y traumas con t minúscula «t». En la categoría Traumas «T» se incluirían eventos como abuso sexual, maltrato físico o psicológico,  catástofres…y eventos únicos  con  un  impacto  emocional  elevado  y  cuyos efectos perduran en el tiempo. En la categoría Traumas «t» se incluirían experiencias adversas “más cotidianas” de aparentemente menor importancia como problemas de apego temprano y experiencias adversas de crianza tales como situaciones de desprotección, humillación, rechazo, negligencia, culpabilización, falta de respuesta parental, etc.

Por lo tanto, la importancia de las causas del trauma no determina la intensidad del daño que éste produce. Un “trauma” puede ser tan dañino como un “Trauma” debido a que sus efectos dependerán de cada persona (historia, entorno, momento en el que se produce el evento traumático, reiteración a lo largo del tiempo, etc.).

Referencias bibliográficas:

Gonzalez, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales.

Mosquera, D. y González, A. (2013). Terapia EMDR en el trastorno límite de personalidad. Acción psicológica, 10(1), 85-96. Obtenido de https://www.intra-tp.com/articulos/

Salvador, M. (2009). El trauma psicológico: un proceso neurofisiológico con consecuencias psicológicas. Revista de psicoterapia, 20(80), 5-16.

Shapiro, F. (2007). Una Terapia Innovadora para superar la Ansiedad, el Estrés y el Trauma. SAPsi Editorial.