Según Rafael Bisquerra, “una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno”.

Emociones básicas

Las emociones básicas son aquellas que compartimos con los mamíferos, mientras que las emociones sociales solo están presentes en los primates superiores y en los seres humanos. Las emociones básicas tienen mucho valor desde el punto de vista de la evolución (resultan fundamentales para la supervivencia) y son las responsables de activar disposiciones innatas dirigidas a reaccionar ante factores detonantes.

Independientemente de si la emoción resulta agradable o desagradable, todas las emociones tienen alguna función que las hace útiles. De este modo, podemos afirmar que no existen emociones buenas ni malas, todas ellas tienen una función sana que nos permiten adaptarnos a distintas situaciones.

Funciones de las emociones

A continuación se presentan las principales funciones de algunas emociones:

Alegría

La alegría estimula la interacción con los demás (elemento fundamental debido a la naturaleza social de los seres humanos), promueve actitudes positivas hacia uno mismo y los demás, favorece el altruismo y la empatía, incrementa la capacidad de disfrute y favorece procesos cognitivos y de aprendizaje.

Tristeza

La tristeza funciona como una llamada para que otros cuiden de nosotros (sirve para indicar a los otros que requerimos de su protección). Esta emoción promueve la unión con otras personas, especialmente con aquellos que se encuentran en la misma situación. Además de permitir que el ritmo de actividad disminuya, impulsa la valoración de otros aspectos de la vida que antes de la pérdida no se les prestaba atención.

Miedo

El miedo nos protege permitiendo que nuestro organismo se active ante el peligro. La respuesta de miedo es automática, nos pone a salvo antes de que podamos pararnos a pensarlo. Cuando el miedo se vuelve muy intenso y la amenaza parece más fuerte que nosotros, se dispara la respuesta de huida o rendición. Si la amenaza resulta abrumadora y estamos en peligro de muerte, el miedo también puede provocar que nos quedemos paralizados o que nos hagamos los muertos.

Ira

Al igual que el miedo, la ira también está muy relacionada con nuestro instinto de supervivencia. Esta emoción moviliza la energía  para  emitir las respuestas de  autodefensa  o  ataque. También nos orienta hacia la eliminación de los obstáculos que nos impiden la consecución de nuestros objetivos. La ira también permite inhibir las reacciones indeseables de otros sujetos e incluso evitar situaciones de confrontación.

Referencias bibliográficas:

Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de Investigación Educativa, 21(1), 7-43.

Chóliz,  M.  (2005).  Psicología  de  la  emoción: el  proceso  emocional.  Obtenido  de

www.uv.es/=choliz

Gonzalez, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales.